viernes, 28 de enero de 2011

LA PISTA INVISIBLE

¿No le había pasado lo mismo a Hendrix? A él también lo encontraron, tirado en el piso, ahogado en su propio vomito. La diferencia era que Mateo no era famoso y por eso su muerte apenas le valió media columna en dos o tres periódicos. La policía ni siquiera se tomó la molestia de investigar las verdaderas causas de su muerte, así que hasta su familia asumió con resignación las consecuencias de tan desafortunado accidente. Todos le habían dicho que dejara de tomar, pero él jamás les hizo caso.
Al final eso fue lo que lo mató. Pero no como los demás creían. Sí, era cierto que en la noche cayó noqueado bocarriba por la borrachera. Lo que nadie sabía era que el vomito con el que se ahogó no era suyo, sino de su novia. Ella fue la que se encargó de llenarle la copa, hasta que no aguantó más y se quedó dormido. Entonces, aprovechando que estaba inconsciente, le abrió la boca y le pasó todo el contenido de su estomago: la deliciosa cena y el vino que había tomado esa noche.
Mateo apenas pudo reaccionar cuando el vomitó le bajó por la garganta. Por un corto instante intentó voltearse, pero estaba tan borracho que no le respondió su cuerpo. Lo único que hizo fue convulsionar, hasta que la respiración se le cortó de un tajo. Después de verlo morir, su novia esperó media hora para llamar a la policía. Mientras ellos llegaban, aprovechó para lavarse los dientes, pero no para limpiárselos, sino para después enjuagarse la boca con los restos de vino. Solo así borró cualquier rastro que pudiera indicar que el arma asesina hubiera salido de sus propias entrañas.

domingo, 16 de enero de 2011

REZO, BIBLIAS Y ALABARÉ

Si la máxima del rock es sexo, drogas y rock n’ roll; la máxima del metal evangélico es rezo, biblias y alabaré. Es así de sencillo o al menos eso dedujo apenas dejaron de rendirle culto a Satán, para rendírselo al Señor. Claro que con el mismo tipo de música. La gran diferencia estaba en la letra y lo difícil era concentrarse para no hacer cachitos mientras la canción se hacía más y más pesada. Pesada en términos de heavy metal, por supuesto.
Porque por más que se hubieran pasado al otro bando, seguían embalados, sacando el mayor ruido a sus instrumentos. Eso quizás era a lo poco que no habían renunciado. Eso y el nombre, el cual el pastor de su iglesia los trató de convencer para que lo cambiaran, con la intención de alejarse lo mayor posible de su antigua imagen de siervos de Belcebú. Pero ellos decidieron seguir como Reyes Magos. Después de todo, era un nombre que tenía que ver con las santas escrituras. Aunque mirándolo desde otro punto de vista, quizás no hubiera sido tan absurdo aceptar ese consejo. Más que nada porque sus fans todavía no les perdonaban el cambio tan drástico que hicieron. Era peor que haberse vendido.
Sentían que los habían traicionado. En el fondo, no entendían como alguien como el cantante de Reyes Magos se las venía ahora a dar de santo, cuando para nadie era un secreto todas sus fechorías. Como por ejemplo la vez en la que en un bazar de la escuela, mientras cursaba bachillerato, preparó un pastel al que le echó laxante. Lo hizo para vengarse de los profesores y como protesta por haberlo obligado a participar en el estúpido bazar. Al final lo terminaron descubriendo, pero valió la pena por ver el espectáculo de los baños colapsados.
Por supuesto que el director lo botó sin compasión. Claro que eso a él le resbaló. Además, en el colegio al que se cambió terminaría conociendo al bajista y al baterista de la banda. Lo curioso fue que de ahí también lo acabarían echando por envenenar al gato de la escuela. Por suerte no lo mató, pero lo dejó ciego.
Cada vez que se acordaba de eso, le entraban muchísimos remordimientos. En eso fue precisamente lo último que pensó cuando el avión de la gira se desplomó en pleno vuelo. Ahí creyó que no iba a volver a ver la luz del día. Pero de milagro él se salvó y la banda también. Cuando despertó en el hospital, tuvo una revelación, quizás por culpa de la medicación. Pero eso no importaba. Lo que de verdad contaba era que la tuvo y la creyó. Fue como lo que le pasaba a algunos al escuchar un disco al revés.


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lunes, 3 de enero de 2011

3 Y PUCHO

Mira si es caprichosa la evolución. Nadie imaginó que la humanidad desembocaría en el punto en el que las futuras generaciones alcanzarían una estatura tan grande, que los que en otros tiempos se consideraban altos, ahora parecían enanos. La media fue creciendo, superando de lejos los dos metros, hasta rebasar la barrera de los tres.
Desde entonces no solo subieron las canastas de baloncesto, sino que también se estiraron el tamaño de las otras cosas. Los autos, los instrumentos, los teclados de las computadoras y todo lo demás, se adaptó para poder manipularlos con sus manotas. Inclusive tumbaron los edificios para volverlos a construir con el techo más alto, creyendo que solo así dejarían de sentirse como gigantes. Olvidando que hicieran lo que hicieran, la tierra siempre les quedaría pequeña.

sábado, 18 de diciembre de 2010

DANDIS EN DECADENCIA

Tuvieron que pasar dos generaciones para que los dejaran de considerar como nuevos ricos, pero para ese entonces, sus descendientes ya se habían encargado de gastarse toda la fortuna y ahora, lo único que les quedaba para comer eran los cubiertos.

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viernes, 10 de diciembre de 2010

DESCOMPOSITUM

Todo empezó como una broma que se fue alargando. Cuando en las entrevistas le preguntaban por cuál sería su siguiente libro, él decía Descompositum. Lo hacía para quitarse a los fastidiosos reporteros de encima y sobre todo para no desvelar el contenido de su siguiente obra. Por lo general, cuando mentía sobre Descompositum, nunca repetía el mismo argumento. Simplemente se inventaba lo primero que le pasaba por la cabeza. Entre más retorcido mejor. Una vez dijo que Descompositum se trataba de una novela de caballería; otra, que iba de un ex jugador de ping pong convertido en espía; y entre otras, su favorita, en la que un reputado empresario se filma a si mismo mientras se masturbaba.
Al final lanzó tantas posibles historias que, sin siquiera existir en su mente, Descompositum se convirtió en un libro de culto. Se creó tanta expectativa alrededor de él, que inclusive salió gente a decir que ya habían leído el manuscrito. Pero a pesar del interés, el escritor nunca tuvo la menor intención de escribirlo. Solo fue hasta que en una noche despertó de una angustiosa y lenta pesadilla que lo hizo levantarse de la cama, encender el computador, abrir un nuevo archivo y empezar a escribir "Esta historia comienza con un perro perdido en un mercado de pulgas".

domingo, 5 de diciembre de 2010

CENICIENTA DE INVIERNO

Parecía un milagro que se le viera tan radiante, siendo que las demás flores a duras penas intentaban mantener una postura recta, abatidas por los estragos del invierno. Para ella, que entre las otras siempre se le había considerado la flor más fea, resultaba un placer indescriptible poder conservar su aspecto intacto, mientras las demás se iban marchitando bajo la silueta destructora del frío. Ni siquiera con la nieve perdió el vigor de sus pétalos. Algo que no dudaba en restregarles a las otras, recordándoles todo el desprecio que durante el año había soportado. Pero ahora la situación se había girado y ella podía sentirse superior. Durante días no hizo más que presumir, torturando con sus alardes a las otras. Diciéndoles cómo iban a acabar. Humillándolas sin parar, hasta que de pronto sintió el filo de unas tijeras que le atravesaron el tallo. La muchacha que la cortó, olió su fragancia hasta que llegó a casa y colocó su cadáver en un florero de cristal.  

sábado, 20 de noviembre de 2010

EXCESO DE SUPERSTICIÓN

Bien conocido es el temor de algunos aborígenes a que le tomen fotos por miedo a que la cámara les robe el alma. En mi viaje al centro de África, me topé en una lejana aldea con un ser que cumplía esta característica, de no ser porque al final fue él el que le terminó robando el alma a mi cámara.
Todas las fotos que había tomado durante el viaje desaparecieron. Y para colmo de males, dado que me encontraba prácticamente en mitad de la nada, pasaron un montón de días antes de poder comprar aunque fuera una cámara desechable. Desafortunadamente, para ese entonces ya había pasado lo mejor de mi viaje, así que no me quedó de otra que fiarme de los recuerdos débiles de mi memoria. Todo y los estragos que la imprecisión causaba en las imágenes que quería retener. Un árbol o una piedra fuera de lugar, un río raquítico que en mi cabeza se hacía más grande, lo mismo que una pradera descolorida que a simple vista parecía más seca.
Lo único de lo que podía estar tranquilo era de no olvidar el rostro del aborigen. Por las noches, en sueños, sus facciones se me volvían a aparecer como si se tratara de un tatuaje mental. Las cejas inhóspitas, los ojos desorbitados, la barba espesa, la nariz chata y los labios afilados, se unían para amargar mis dulces sueños. Era una visión tan nítida que a veces me preguntaba si la cámara había sido la única en perder el alma en ese viaje.

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