martes, 19 de octubre de 2010

BIBLIOTECA MALDITA


Libros, lo único que tenía era libros. Por eso le daba tanta pena deshacerse de ellos. Pero a donde iba no podía llevárselos, así que tenía que buscar a alguien a quien dárselos. Al final los recibió otro desgraciado que también estaba inmerso en las penurias de la vida de estudiante. El pobre diablo terminó juntando los libros con los suyos, sin saber de las desdichas que estos nuevos volúmenes le traería: su novia lo dejaría, su jefe le enseñaría la puerta y al quedarse sin dinero, le tocaría entregar hasta su apartamento.
Eso significó regalar la mayoría de sus pertenencias, entre ellas los libros, que fueron a parar a la casa de una pareja que conocía. Ellos los recibieron, más que por gusto, por hacerle un favor a él. Claro que lo hicieron sin la menor idea de la maldición que los acompañaba y que infectaría a fondo sus estanterías. Es más, cuando las dificultades empezaron a aparecer, ni siquiera asociaron los libros con el inicio del fin de su mundo.
Todos los ahorros, los planes, los sentimientos, inclusive el amor, se evaporaron. Y a partir de entonces, cada uno agarró para un lado. En el proceso de separación se dividieron las pertenecía. Bueno, no todas. Los libros los donaron a una biblioteca pública.
El encargado de catalogar los volúmenes estaba fascinado con las nuevas adquisiciones. Se trataba de libros que muchas veces había pedido y que sus superiores le habían denegado. Con incredulidad se llegó a sentir el hombre más afortunado del mundo, pero la maldición ya había echado sus redes sobre el edificio y al poco tiempo la biblioteca cerraría por falta de billete. Al parecer el tesorero había hecho un enorme desfalco que dejó a la biblioteca endeudada.
Fue por eso que no les quedo de otra que regalar los libros. Los sacaron a la calle, donde los pasantes se pelearon para llevárselos a la casa. Eran miles y miles de libros y mucha gente salió cargada, sin importarles si al final iban a leer los libro o no. El hecho era que eran gratis y esas oportunidades no se pueden dejar pasar en la vida.

martes, 28 de septiembre de 2010

FALSIFICADOR DE JUGUETES

La verdad, era una pena que hubiera dañado los muñecos de la Guerra de las Galaxias de sus hermanos, porque ahora valían una fortuna. Lo sabía porque vio en internet cuanto pagaban por el mismo matacho que años atrás, cuando él era pequeño, había descabezado. Todo un dineral que servía para saldar un par de cuentas que tenía pendientes y que lo llevó a hacer réplicas de esos juguetes, para luego venderlas como originales. Una idea que se le ocurrió inspirado por los grandes falsificadores de la pintura.
Capacidades sí que tenía para eso. Gracias a su paso por el Tecnológico, después de que lo echaran de todos los colegios decentes de la ciudad, se había convertido en maestro de todo tipo de manualidades. Por suerte, para facilitar sus aspiraciones delictivas, uno de sus hermanos le había tomado fotos desde todos los ángulos a los muñecos. De ahí fue que se basó para hacer los moldes. Eso sí, necesitó varios intentos hasta que dio con la fórmula adecuada. Sobre todo mientras buscaba los materiales precisos, porque los juguetes tenían que parecer rústicos y tiesos, como creía recordar al revivir la sensación de sus manos cuando jugaba con ellos en su infancia.
Cuando por fin acabó el primer muñeco decente, con todo y sus armas, se concentró en que se viera más viejo, que diera la impresión del paso de los años. Para eso lo expuso a todo tipo de desgastes. Lo metío en agua hirviendo, los enterró bajo tierra, lo puso al sol, hasta que el color se fue mareando. Le movió los brazos hasta que quedaron medio sueltos y entonces, ahí sí que lo colocó a la venta.
Después de que le compraran el primero, se lanzó con otros modelos y de un tacazo sacó una docena de juguetes que los coleccionistas le arrebataron de las manos. A pesar del dinero que recibió, que era mucho para un muerto de hambre como él, no estaba muy contento con lo que hasta el momento había alcanzado. Era consciente de que en el proceso de ventas algo fallaba y eso era el envoltorio. Él sabía que le ofrecerían el doble o hasta el triple si el juguete venía en su caja original, por supuesto sin destapar. Fue entonces cuando dedicó todos sus esfuerzos a reproducir el empaque adecuado que llevaría a su falsificación al siguiente nivel.
Para eso contactó a un coleccionista, a quién engañó, haciéndose pasar por periodista para fotografiar los juguetes y de ahí sacar los parámetros necesarios para falsear los empaques. Una vez lo consiguió, el flujo de dinero creció. Pero para ese entonces el dinero dejó de ser su motivación. Poco a poco lo que comenzó a interesarle más fue crear sus propios personajes y cristalizar sus ideas en juguetes. Un error que llamó mucho la atención y que casi hace que lo metieran a la cárcel, después de que algunos expertos denegaron la existencia de dichas figuritas en la saga. Por suerte se zafó de la condena pagando multas y abogados con el dinero que había ahorrado de su estafa. Más allá del desprestigió social y de la desaparición de su capital, lo que más le dolió fue ver como la policía entró en su apartamento para decomisarle todas sus herramientas y creaciones, como si él fuera un ladrón vulgar, cuando en realidad lo que él se consideraba era un artista. O al menos de eso estaba convencido.

lunes, 13 de septiembre de 2010

CON SANGRE ENTRA

La respuesta estaba en la letra. Esa era la clave para descubrir al asesino. Los poemas, en realidad no desvelaban nada, salvo la cursilería y la frustración de quien los escribía. El solo hecho de leerlos representaba una tortura. Por eso, cada vez que encontraban un cadáver, era él el que deseaba estar muerto para ahorrarse la repulsión que le producía su lectura.
Como investigador y máximo responsable de este caso pasó horas intentando descifrar el significado verdadero de esos versos hasta que llegó a la conclusión de que estaba siguiendo la pista equivocada. Entonces se concentró en la caligrafía y su investigación empezó a arrojar mejores resultados.
Gran parte de este hallazgo se lo debía a su madre, quien al ver una foto de la escena del crimen, le comentó que la letra que aparecía escrita en aerosol era idéntica a la que a ella le enseñaron en el colegio de las Pachas. Ya decía él que había algo que se le hacía familiar en este asunto.
Mientras más indagaba, más peso tomaba esta teoría. Al comparar las variaciones de la letra entre un colegio y otro, descubrió enormes diferencias. Por un lado, los trazos de la letra que buscaba eran más delicados y respingados. Bastante delicados a pesar de los complejos movimientos que requiere su realización.
Sin embargo, había un pequeño detalle que no encajaba. Solo hasta que fue al colegio cayó en cuenta que existía una pequeña diferencia entre la letra al lado de los cadáveres y la que impartían en la actualidad. Esto se debía, según se enteró más tarde al revisar los archivos escolares, a que la maestra que dictaba la asignatura cuando su madre aprendió a escribir, una monja franciscana de origen vasco, tan solo duró un año en el colegio. Después de ella vino otra que duró cerca de 50 años enseñando el mismo estilo hasta su retiro, cuando fue remplazada por una alumna de ella que ni siquiera era monja.
Eso reducía bastante el número de sospechosos. A partir de ese momento se concentró solo en las alumnas que estudiaron con su madre. Encontrarlas a todas no fue fácil, algunas habían muerto y otras se habían ido a vivir al exterior o a otras zonas del país. Eso sí, las que vivían en la ciudad terminaron siendo llamadas a prestar declaración, a la vez en que les pedían que escribieran en una pared con aerosol.
De todas las que se presentaron, solo dos de ellas la escritura no concordaba. Una porque sufría una artrosis que limitaba el uso de sus manos. A la otra en cambio no le pasaba nada en las manos y sin embargo su caligrafía no estaba a la par de la de sus compañeras. Esto la descartaba de pleno, aunque en su actitud se notaba que ocultaba algo.
Al final, fue un pequeño movimiento que la terminó delatando. Mientras salía de la comisaria, sin saber que aun la estaban mirando por la ventana, quedó patente que la mujer no solo se desempeñaba con la mano con la que había escrito, la derecha, sino que en realidad era su mano izquierda la dominante.
Más tarde, durante su confesión, la mujer desveló que toda la vida había sido zurda, pero que su madre sistemáticamente le prohibió usar la mano izquierda para todo, argumentando que eso no era de señoritas y apelando a un profundo catolicismo que asociaba el uso de la mano izquierda con alianzas con el diablo.
Desde entonces, aunque nunca se consideró en realidad ambidiestra, aprendió a comer, a escribir, a tocar la guitarra y hasta a matar con la mano derecha. Aunque en secreto siguió cultivando la zurda y para demostrarlo tomó la lata de aerosol, se levantó de la silla y se acercó a la pared. La pintura empezó a vislumbrar una línea que subió y bajó formando una ele que en la cresta tenía un ojal parecido a por donde pasa el hilo en las agujas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.






viernes, 27 de agosto de 2010

CERDITOS SUICIDAS

Así como hay personas dispuestas a morir motivados por la promesa del paraíso, hay cerdos que darían su vida por una manzana. En realidad solo lo hacían algunos idiotas, convencidos por otro cerdo más listo que les lavaba el cerebro para no acabar él mismo en la parrilla. De esta manera los más brutos se mataban de la forma más estrambótica.
Una vez muertos, el granjero recogía su cuerpo para colocarlo en las brazas y cuando por fin la carne estaba dorada, lo servían en una bandeja con una manzana en la boca. La dichosa manzana por la que había dado su vida. Inclusive muerto podía sentir su sabor, pero por más que intentaba morderla con la fuerza de su espíritu, que en esos momentos todavía se encontraba entre nosotros, era incapaz de mover su mandíbula para que los bocados le bajaran a la panza.


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miércoles, 4 de agosto de 2010

DEJAR IR

El árbol lo plantaron en homenaje a su padre, quien murió después de que un rayo le cayera encima. De eso ya habían pasado más de treinta años y el árbol había crecido erguido como un faro. Tan robusto y tan frondoso, que a sus lados los demás árboles parecían raquíticos.
Lo que no se imaginaron los que lo plantaron fue que con el tiempo, el árbol terminaría convirtiéndose en un gran estorbo. Lo malo era que la opción de talarlo quedaba totalmente descartada. Por más que su esposa y su hija se lo pidieran, él no podía dar el brazo a torcer.
Por supuesto que quería que su hija construyera en el pueblo, al lado de su casa. El problema era que el árbol se hallaba justo en ese terreno y no había manera de moverlo. Además, para complicar más las cosas, pronto sería abuelo, con lo cual cada vez se hacía más grande el dilema. Por un lado quería complacer a su familia, pero sentía que si lo hacía mancharía la memoria de su difunto padre.
Miró al cielo en busca de una solución. Unas cuantas gotas le cayeron encima, así que se resguardó pensando en lo estúpido que había sido al esperar respuesta. O al menos eso creyó, porque en esos momentos se largó un fuerte aguacero. Las nubes se iluminaron y no pasaron muchos minutos antes de que un rayo partiera el árbol por la mitad con toda su violencia.
Asustados, los de la casa salieron a verlo, mientras las nubes se despejaron y el sol volvió a reincorporarse. El hombre dirigió de nuevo la mirada hacia arriba. La respuesta que recibió había sido contundente. Por eso la acató sin rechistar. De inmediato volvió adentro, levantó el teléfono y empezó a realizar todas las gestiones para que se llevaran los restos del árbol por la mañana.

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lunes, 12 de julio de 2010

GUERRA A DISTANCIA


En parte la culpa la tuvo la prensa internacional. Fueron los periodistas los que se encargaron de enfrentarlos como si fueran dos niños a los que sus compañeros instan a que se den en el patio del colegio. Al final, de nada valieron los intensos esfuerzos diplomáticos, las naciones no tardaron en declararse la guerra. Y eso que todo empezó por un malentendido. Un rumor sin fundamentos que derivó en un fuerte cruce de acusaciones.
Los insultos escalaron hasta que el honor patrio quedó completamente manchado. Ninguno de los dos presidentes esperó a movilizar sus tropas. El gran problema para los generales de ambas naciones fue buscar una manera de hacerse daño. Y aunque todos estaban deseosos de cobrarse las ofensas con sangre, existía un pequeño inconveniente técnico: los dos países se encontraban demasiado alejados el uno del otro, de una punta del planeta a la otra. Y como ninguno de ellos era lo suficientemente rico, no existían medios suficientes para transportar todos sus soldados.
Un país apenas contaba con barcos y el otro con tanques, pero en la práctica no les servía para nada. Resultaba imposible invadirse mutuamente. Por un lado los tanques eran inútiles, ya que para llegar al otro país necesitaban cruzar el océano. Por otro lado, los barcos no servían para nada, teniendo en cuenta que el otro país se encontraba en medio de un inmenso continente. Había demasiada tierra de por medio.
Claro que eso no les impidió intentarlo. Al final lo que primó fue la terquedad de los mandatarios, quienes ordenaron la partida de dos expediciones formadas por hombres que en sus tierras fueron despedidos como valientes.
Sin embargo, oportunidades de demostrar su hombría no tuvieron demasiadas. Los barcos se hundieron y los tanques se vararon en pleno desierto. Dos tragedias paralelas que utilizaron a su propio beneficio: ignorando sus muertos y resaltando las bajas del contrario. Así, cada cual, con el mayor de los descaros, se asignó la victoria. Hubo desfiles, condecoraciones, monumentos a las víctimas, la gente Salió a las calles; en fin, toda la parafernalia que alimenta el ego de los patriotas.

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martes, 29 de junio de 2010

LA COSTURERA


Faíza no solo pasaba las noches en vela cociendo para servir a su patria, sino también a Alá. Lo hacía con placer, aunque a veces se concentraba tanto que el tiempo pasaba sin que se diera cuenta. Aun faltaban un par de horas para la llegada del amanecer cuando por fin dejó el hilo y la aguja a un lado. Se sentía cansada, casi que se queda dormida ahí mismo con la bandera que acababa de terminar tendida en su regazo. Pero entonces reaccionó y se levantó en busca de su cama.
Antes de volver a cerrar los ojos, pensó en lo bonita que le había quedado la bandera. Tanto, que todavía tenía las estrellas grabadas en su mente. Por la mañana se la mostraría orgullosa a su marido y a sus nietos. Pero por ahora lo que necesitaba era dormir. Descansar un rato antes de que saliera el sol y tuviera que empezar a prepararse para la manifestación.
Una vez logró acomodar correctamente la cabeza en la almohada, no tuvo problemas para encontrar el camino del sueño. Entonces durmió largo y tendido. Si hubiera sido por ella, se hubiera quedado todo el día en la cama, pero su marido la despertó diciéndole que la vecina la estaba esperando en la puerta.
Antes de salir a la calle, Faíza se pasó un trapo húmedo por el cuerpo, se puso la ropa y se cubrió la cabeza con el velo. Afuera, la señora de al lado le recibió diciéndole que tenían que apurarse porque o si no iban a llegar tarde. Faíza apenas asintió y se limitó a seguirle llevando la bandera doblada debajo del sobaco. Las dos mujeres caminaron un largo trecho, hasta que se detuvieron frente a la embajada Americana. Allí, se mezclaron entre la muchedumbre.
No pasó mucho tiempo antes de que un conocido se les acercara. Al verlo, Faíza lo saludó moviendo la cabeza, pero el hombre solo abrió la boca para pedirle la bandera. Pasaron unos segundos antes de que ella se la entregara. Una vez el hombre la recibió, se fue sin despedirse, perdiéndose entre la masa alebrestada.
La protesta había empezado oficialmente. Por todas partes se veían rostros rabiosos y se escuchaban toda clase de gritos. Algunas mujeres hacían bulla con sus lenguas pidiendo justicia divina. Faíza movía sus labios como ellas, pero su cabeza estaba en otro lado. En medio de toda esa exaltación sus ojos volvieron a encontrarse con la figura del hombre que se les había acercado antes. En su mano derecha llevaba un mechero y en la otra la bandera. Entonces se fijo en la llama que iba trepando desde una de las puntas del tejido. Era la imagen que jamás deseó haber presenciado. El hilo nada que podía hacer contra la fuerza arrasadora del fuego. Pasando de una franja a la otra, hasta que las estrellas quedaron acorraladas. Por un momento deseó arrebatársela de las manos y salvar lo poco que quedaba de su hermosa creación. Pero por otra parte se sentía paralizada. Antes de cerrar los ojos una lágrima se le resbaló por la mejilla. Era mucho más que tristeza lo que sentía por dentro. Un vacio y un dolor, como si el alma se le estuviera lentamente agrietando.

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