martes, 27 de marzo de 2012

REY MUERTO

No era el favorito durante gran parte de la campaña, pero sí después del infarto que lo llevó a la tumba.
Lo lógico hubiera sido encontrar un remplazo dentro de su partido para que le tomara el relevo electoral, pero los votantes solo lo querían a él.
Para nada les importaba que estuviera bajo tierra, siempre y cuando fuera él el que los gobernara.
De esta forma arrasó en el escrutinio. Dejando de lado a los demás candidatos. Sin necesidad de segunda vuelta.
Nunca nadie había tenido una toma de poder más emotiva: con su cuerpo siendo traslado al cementerio donde descansaban otros eminentes, pero también extintos ex mandatarios.
En ese entonces, su carisma entre la gente era tal, que al poco tiempo de tomar las riendas del país, se empezaron a notar los cambios.
Lo que antes parecía un barco sin rumbo, terminó convirtiéndose en la primera potencia del continente.
Bajó la inseguridad, bajó la corrupción, bajó el desempleo y hasta bajó el analfabetismo. Incluso se concretó la tregua con los países vecinos.
Fue tanto lo que cambió gracias a él, que  una vez acabado su gobierno, la gente no tardó en considerarlo como el mejor presidente de toda la historia.  

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sábado, 11 de febrero de 2012

FORTUNATO


Llevaba tanto tiempo utilizando la máscara de la hipocresía, que cuando intentó sacársela, no se la pudo quitar. Debajo de ella apenas quedaba un rostro opaco, marcado por las cicatrices del cinismo.

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lunes, 10 de octubre de 2011

VISTA PINTORESCA

Había puesto sus esperanzas en la medicina, pero nunca se le ocurrió que su salvación vendría de la mano de una ferretería, que al igual que aquel que se inventó un pitido que solo escuchan los perros, dio con la formula de una pintura exclusiva para ciegos. Tan solo bastaba pasarle el pincel o la brocha a algo para que por arte de magia resultara visible para aquellos a los que el destino había privado de la vista.
Un solo inconveniente tenía este invento y era que cada uno de los objetos que obtenían una capa de esta pintura, desaparecían del campo visual de aquellos que podían ver perfectamente. Así el objeto permaneciera en el mismo sitio.
Aparte de los ciegos, los objetos pintados solo los podían ver, y en este caso borrosos, aquellos que utilizaban gafas. Pero solo cuando se las quitaban y dependiendo de las dioptrías que tenían.
Por eso, cuando Enrique Tebas por fin comprobó que la pintura funcionaba, sintió una sensación de felicidad absoluta. Tantas veces lo habían estafado prometiéndole sanación, que se había vuelto un poco escéptico. Y aunque si bien la vista no era algo que él extrañara, dado que la había perdido a una edad muy temprana, siempre se acordaba con añoranza de los colores del amanecer y de lo que desfiló por sus ojos cuando vio un volcán en plena erupción en unas vacaciones.
Mucho no le gustaba explayarse en el principio de su ceguera. Apenas se refería a él evocando un día en el que sintió que algo le avanzaba por la córnea, hasta que progresivamente todo se fue apagando. Su tía llegó a decirle que era un asunto genético, pero eso nunca le sirvió de consuelo.
Sin embargo, esto nunca lo derrumbó. Y dentro de lo que cabía, a pesar de los tropiezos, vivía una vida de lo más normal, sin ser presa de su impedimento. Con treinta años se casó con una de las mejores amigas de su hermana. En el campo laborar, Enrique, desempeñó un sinfín de oficios. Desde vendedor de lotería, hasta telefonista o instrumentista. Incluso llegó a ganarse la vida alzando la mano en un par de esquinas. Pero su verdadera vocación la encontró años después gracias a un amigo que le consiguió un trabajo como catador de puros.
Así viajó por medio mundo, fumando todo tipo de habanos, de diferentes marcas. Era un experto y su opinión era sumamente valorada, hasta el punto en el que las tabacaleras se lo peleaban. Pero una vez comprobó la efectividad de la pintura, decidió renunciar a su trabajo para ver todo de lo que antes se había privado.
Desafortunadamente no todos estaban tan contentos con esta pintura. Había personas que empezaron a manifestarse con contundencia contra ella. Por un lado, los más religiosos, quienes la encontraban pecaminosa y por otro, aquellos que veían como fragmentos de la ciudad empezaban a desaparecer. Obligándolos así a tener que utilizar bastón para no darse en la canilla con las cosas que ya no podían ver.
Y es que cuadras enteras llegaron a desvanecerse del mapa. Transfiriéndose a otros planos, a otras esferas. Haciendo que la lucha entre los que veían y los que no veían se hiciera más intensa. Hasta que de tanto despelote que se armó, los gobiernos se posicionaron del lado de la mayoría, es decir los que veían, llegando a prohibir sin titubeos la pintura.
Por fortuna, antes de que esto pasara, Enrique ya había intuido que una decisión como esta se tomaría en cualquier momento. Por eso había hecho bien al haber escondido por precaución dos botes de pintura.
Para ese entonces ya había pintado todo en su casa, salvo a su esposa, la cual por amor había accedido a dejarse pintar, aun sabiendo que desaparecería a la vista de los demás. Pero eso era lo que menos le importaba mientras su marido comenzaba a pintarle primero los brazos, luego las piernas y así, hasta que la pintura se esparció por el resto de su cuerpo. Después, cuidadosamente pasó a su rostro y a su pelo, consiguiendo que ella misma ya no pudiera contemplarse en el espejo.
Totalmente embobado por su belleza, Enrique soltó el pincel dejándolo caer en el suelo. De su boca ya no salían palabras, ya que al verla por fin comprobó que ella era tan hermosa como siempre había imaginado. Como pensó que sería la primera vez que con sus manos le palpó el rostro bajo un manto de estrellas que él jamás llegaría a ver, incapaz de levantar su vista hacia el cielo: aquel lugar lejano en el que nunca se verá el efecto milagroso de la pintura.    

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domingo, 28 de agosto de 2011

LA CONFECCIÓN DE UN SUPERHÉROE

De su experimento solo quedaron sus tripas sobre la puerta blindada, junto a las del animal con el que deseaba fusionarse, emulando así los comics de superhéroes que leía en su infancia. Los mismos que lo llevaron a convertirse en científico y más tarde, a construir el reactor con el que esperaba adquirir los poderes sobrenaturales con los que tanto había soñado.  
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sábado, 6 de agosto de 2011

HACKERS GENÉTICOS


La gente del siglo XXI nunca supo calcular en realidad los límites de la digitalización, e hicieron bien en ello. Creyeron que tan solo servía para revistas, libros o archivos, cuando también podía resultar útil en otros casos, como por ejemplo, el embarazo.
Todo comenzó con la digitalización del genoma humano. A partir de entonces, los científicos se pusieron como tarea la reducción de los plazos del parto, adelantándolo casi en ocho meses.
Pero la computarización del proceso de reproducción (no del acto, sino de su fruto), trajo graves consecuencias. Más que nada porque nadie se planteó su vulnerabilidad o al menos, el gran peligro de que algún informático cambiara los parámetros del genoma humano, como al final acabó pasando.
Los hackers accedieron a la computadora donde se guardaba toda la información genética y la fueron cambiando. Acto seguido, esta alteración fue transmitida a las máquinas que se encargaba de los partos, poniendo en jaque el sistema y de paso, el destino de la raza humana.
A partir de ese momento, los niños vinieron a este mundo con una serie de modificaciones, como por ejemplo: al nacer ya tenían los dientes de leche. Algo bastante incómodo a la hora de amamantar.
También sucedió que en algunos casos, los niños nacieron con ojos negros y con el paso del tiempo se fueron volviendo azules.
El otro fenómeno que se dio tenía que ver con la postura. Una vez salían del vientre de sus madres, los niños se paraban en cuatro patas, como los terneros. Esto hizo que se les emparejara el tamaño de las extremidades.
En un principio, tan solo se trató de una serie de cambios ínfimos. Nada extremo, como por ejemplo escamas o proliferación de los dedos.
Claro que mientras los nuevos crecían, a los viejos, es decir, los que nacieron antes de la digitalización del parto, les dio por hacer hincapié en que los otros eran distintos. Sin importarles que algunos eran sus hijos, sus nietos o sus hermanos. Los que nacieron de forma natural insistieron en no ser asociados con los que salieron de las máquinas, como si se tratara de una especie aparte. Una especie invasora.
La fricción entre ambos fue escalando, hasta que los nuevos alcanzaron la edad para defenderse. Quizás fue la energía de nuestra juventud la que nos hizo vencedores. Quizás fue el desapego que le teníamos a este mundo. Quizás fue a causa de estar solo un mes en la barriga de nuestra madre, lo que nos llevó a dar el siguiente paso evolutivo, para acabar con el viejo mundo de nuestros antecesores. Quienes algún día solo serán recordados como una antigua raza de pobladores, que encontró en la extinción su merecida penitencia.

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miércoles, 6 de julio de 2011

LA CUENTA, POR FAVOR

Resultaba curioso que solo soñara con comida, teniendo en cuenta lo flaco que era. Pero era solo cerrar los ojos y de repente ya estaba en el mismo restaurante de siempre. El de los manteles a cuadros y las fotos de futbolistas colgadas en la pared. Entonces, tan solo bastaba un ademán al camarero y los platos empezaban a desfilarle por su mesa. Con los cubiertos o con las manos, engullía la comida con tal gula, que parecía como si llevara días sin probar bocado. Y mientras más roncaba, más saboreaba con lentitud de su banquete. De esta forma podían pasar horas, hasta que se despertaba justo cuando le iban a traer la cuenta para no tener que pagarla. Ese fue su ritual onírico durante meses. Pero una noche, en pleno ocaso de su sueño, mientras estaba a punto de llevarse una pata de pavo a la boca, el dueño del restaurante y los camareros le propinaron por todas las veces que se había escabullido sin pagar una paliza de la cual no se volvería a despertar nunca.    
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domingo, 26 de junio de 2011

INCESTO TELEVISIVO

Estela Barroco había dejado de ser una niña, tanto en la vida real, como en la pantalla. Incluso su personaje en  Nido de Tontos había empezado a ir a la universidad. Y es que Estela se había transformado en una despampanante señorita a la que en el mundo de la farándula se le relacionaba con algunos de los galanes más cotizados del país, todo y que a decir verdad, su gran amor era Alejandro Montería, su padre en la ficción.
El romance había empezado en los camerinos del Estudio 4. En una noche en la que la escena que grababan los dos se fue alargando. Para ese entonces, Montería ya había notado que la mirada inocente de su supuesta hija había cambiado. Pero él le restó importancia, pensando que solo se trataba del típico comportamiento coqueto de las jovencitas de su edad. Sin embargo, ella hacía años que estaba enamorada de él en secreto, impulsada por una retorcida fantasía que tenía que ver con el encanto semipaternal que siempre había encontrado en Alejandro. Por eso no paró con las insinuaciones hasta tenerlo en sus redes.
Para Estela fue como un sueño hecho realidad. Para él en cambio, su affaire con Estela era en un principio nada más que otro de los caprichos de su codicia sexual. Por eso, para ninguno de sus compañeros de elenco resultó una sorpresa, una vez el escándalo se destapó, dado que ellos conocían perfectamente la fama de mujeriego y borrachín que Montería se gastaba. Eso sí, mucha gracia no les hizo al comienzo, pensando en las posibles consecuencias. Que al final no se cebaron con la telenovela, como lo demostró la subida del índice de audiencias, sino con Montería, quien para la opinión pública terminó convirtiéndose en un paria.
Al final, la gente no fue capaz de disociar la realidad de la ficción, hasta el punto en el que las abuelas del país empezaron a salir a la calle con paraguas, no por si llovía, sino por si se encontraban a Montería. Durante días la nación se vio envuelta en un gran debate moral. Salieron los curas, las recatadas, las feministas y hasta los más fatalistas a dar su opinión. Se habló del fin del mundo, de Sodoma y Gomorra, de los límites de la degeneración, tanto que al presidente de la república le tocó intervenir.
Dos años más tarde la telenovela llegó a su fin. No por rating, sino por la desbancada masiva de sus actores principales, quienes pasaron a otros proyectos tentados por una recompensa mayor. La primera en abandonar la serie fue Estela Barroco. A ella le llovieron las ofertas en cine y televisión, convirtiéndose así en una de las estrellas más prometedoras del panorama artístico nacional. Todo lo contrario que su ex amante, Montería, para quien conseguir otro rol se convirtió en una tarea bastante ardua. Desprestigiado, denigrado y con sobrepeso, terminó tirando la toalla después de haber pasado una pequeña temporada en la cárcel. Desde entonces, la única persona que le dio una mano fue su antigua jefa, la directora de un colegio de monjas, quien le ofreció su antiguo puesto de profesor.

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