jueves, 18 de marzo de 2010

DECRETO REAL

Existía en un reino lejano un rey que solía castigar a sus súbditos desobedientes cortándoles la cabeza, pero un día recapacitó sobre este castigo y decidió cambiarlo. A partir de entonces, a los condenados se les arrancaba primero el cuerpo, para que así tuviera tiempo de arrepentirse mientras la cuchilla les atravezaba el cuello y al bajar la vista, lo último que veían era como su cabeza se separaba del resto de sus partes.

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lunes, 1 de marzo de 2010

MARACANAZO


El objeto sobrevoló la portería y vino a impactar directo en la frente del arquero. Éste, al sentir el golpe hueco se tiró de inmediato a la hierba, quién sabe si por musa o reflejo, llevándose los guantes a la cabeza en busca de sangre. Pero lo único que encontró fueron unas extrañas semillas que se quedaron atrapadas en los rizos de su pelo. La hinchada al ver la caída de uno de sus idolos reaccionó con locura. Se fueron contra la valla hasta que la valla cedió. Los jugadores del otro equipo al verlos entrar al campo no supieron para donde correr. Algunos llegaron al vestuario sangrando, llenos de coscorrones.
Horas después, mientras los bomberos aun luchaban por apagar el incendio, la policia detuvo a tres músicos de la banda contraria. Eran los principales sospechosos de haber empezado este alboroto. En el interrogatorio, el trio lo negó todo, aunque uno de ellos, un hombre de constitución delgada y de barba insipida, no supo dar una respuesta convincente cuando le preguntaron que a dónde fue a parar uno de los dos instrumentos que llevaba en cada mano antes de que comenzaran los disturbios.

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lunes, 1 de febrero de 2010

EL DRAGÓN MATANDO A SANT JORDI



Dicen que la historia del mundo es una sucesión de hechos que se repiten una y otra vez. De esto se dio cuenta el dragón y por eso empezó a prepararse para no volver a caer abatido por la espada del destino. Ya le habían ganado por astucia, por suerte, inclusive por fuerza. Porque ninguna de sus muertes fue parecida. Así que mientras el tiempo iba arrastrando nuevas lunas, el dragón se dedicó a sondear los caminos que lo condujeran a la salvación.

El fuego quedaba descartado. Ya había marcado tantas veces su tumba confiando todo su porvenir en ese don. Necesitaba un plan nuevo, pero por más que buscara una solución, no daba con la estrategia adecuada. Si al menos pudiera pedirle a alguien un consejo, pero no había nadie a quien acudir. Lo intentó juntando todos los cráneos chamuscados de sus otras victimas, colocándolos en un rincón apartado de su cueva.

Su mayor inquietud era saber cómo vencer a aquel que tiene a Dios de su parte. Hubiera dado todos sus tesoros, la cacharra que custodiaba desde que de su boca apenas salía una flama insipida, por descubrirlo. Entonces se fijó en el techo de la cueva y en su cabeza empezó a fraguarse la idea. Tal vez, mejor que carbonizarlo o darle muela, resultaría más práctico ocasionar un derrumbe que acabara con el santo, sepultándolo entre las piedras. Lo único que tenía que hacer era esperar el momento indicado.

Durante días se estuvo preparando para la llegada de su verdugo y cuando por fin vio que se acercaba, contuvo como pudo su aliento de azufre para agarrarlo por sorpresa. Claro que en una cosa se equivocó y eso fue en precipitarse.

Sant Jordi ni siquiera había alcanzado a entrar cuando el dragón se abalanzó con todo su peso contra el techo. Pero las piedras no cayeron sobre la cabeza del santo, sino que terminaron encima de la bestía, dejándola aplastada, debatiéndose con el amargo sabor de su último aliento.

Al santo por su parte, le costó un par de minutos digerir la tragedia de la que por poco se había salvado. Cerca de él se encontraba la cabeza del dragón. Con su pie la movió para asegurarse de que estaba muerto. Fue entonces cuando lo asaltó una revelación. Mirando hacia los lados se fijó en que no hubiera ningún testigo antes de poceder a decapitarlo. Y a la vez en que su espada atravezó el cuello del extraño animal, el santo empezó a imaginarse el recibimiento de la muchedumbre, el júbilo en la aldea y sobre todo, el rostro de triunfo que pondría mientras se aprontaba a reclamar la gloria que no se merecía.

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jueves, 21 de enero de 2010

LA RUPTURA

Ya casi nadie se acuerda, pero hubo un tiempo en el que el trueno y el relámpago solían ir siempre agarrados de las manos, hasta que un día se pelearon y desde entonces, el trueno no hace más que decir "Yo no salgo hasta que no se vaya el relámpago".

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sábado, 2 de enero de 2010

VIVA LA REVOLUCIÓN

Compañeros, esta lucha la vamos ganando. Dijo el estudiante con el mayor de los convencimientos. Nuestra causa está en boca de todas las naciones. Las democráticas y las que no lo son. Sus periódicos solo hablan de nosotros y de la desproporcionada crueldad del régimen de terror que nos gobierna. Lo vi con mis propios ojos mientras pregonaba por el mundo nuestra ansia de libertad. Esta es una gran oportunidad. No podemos desaprovecharla.
Los otros presos se miraron escépticos. De nada servía la simpatía de exterior, si su propia gente estaba adormilada por el manto de la censura. Porque si afuera solo se veían espantos de lo que estaba pasando, adentro cualquier eco de rebeldía era acallado por las fuerzas militares. En la prensa local no aparecía nada, todo lo contrario, se vendía armonía y tranquilidad. El tirano esquivaba cualquier tipo de insurgencia con la destreza de un maestro ajedrecista. Por más que en otros países la gente saliera a las calles para protesta por sus excesos, sabía que el poder lo tenía bien amarrado. Cualquier intervención estaba completamente descartada, siempre y cuando siguiera untando a sus homólogos de las naciones más poderosas. Aquellos presidentes extranjeros que en público le recriminaban, mientras que en privado no hacían más que arrullarlo con todo tipo de halagos y pleitesías. Lo único que a ellos les interesaba era el oro, el petróleo y los diamantes, así que mientras él siguiera en el poder, lo tendrían todo asegurado. Lo demás que pasara les daba igual.
Vendrán, vendrán a salvarnos. Ya lo verán.

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martes, 15 de diciembre de 2009

CESARIA

Tras meses gestando un cuento, un escritor decidió que ya llevaba suficiente tiempo en su cabeza. Fue a donde los médicos y éstos le hicieron un corte en la frente por el que le sacaron la mordaz criatura. El cuento tenía casi veinte páginas y no pesaba ni siquiera un cuarto de kilo. Después de tenerlo en sus brazos, orgulloso, el escritor le susurro al oído "Te llamaremos astro".

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

BELLEZA ENGAÑOSA


En el bosque, entre los arbustos, se escondía la más horrorosa bestia que jamás haya dado la naturaleza. Tenía un poco de culebra, un poco de cocodrilo y un poco de salamandra. Pero lo que realmente era sorprendente de esta espantosa criatura era su piel, tan brillante y tan exótica, que la gente la confundía con un tesoro lleno de oro, rubí, amatistas y esmeraldas. Sin embargo, al estirar el brazo para recoger el tesoro, las personas se topaban de lleno con los ojos malditos del animal y su mirada inquietante que de inmediato los sacaba corriendo llenos de pánico.
Un día, la bestia se encontró con un poeta que al verla no reaccionó igual que los demás. Sorprendida por su falta de temor, el animal le pidió que le recitara una poesía. El poeta comenzó apelando a la belleza del cielo y del amor, a la de la naturaleza y a la de las estrellas. Conmovida por sus palabras, la criatura escupió una enorme moneda de oro. Feliz con esta impresionante recompensa, el poeta corrió a mostrarles su riqueza a los otros habitantes de su pueblo. Ellos, ante semejante tesoro, lo primero que hicieron fue dirigirse al bosque en busca del animal. Cuando por fin lo encontraron, le hicieron un corte en la barriga y de su vientre sacaron varias monedas. Dichosos fueron a gastarlas, pero poco después se dieron cuenta que todas eran falsas. Todas salvo la del poeta, el único que supo ver la verdadera belleza en una criatura tan espantosa.

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